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Introducción

Fundamentos para un programa cuartainternacionalista consecuente.


Lecciones estratégicas de 50 años de revolución y contrarrevolución.
 

Documento adoptado en la Conferencia de fundación de la LOR-CI en La Paz, los primeros días de agosto de 1999.

Introducción

Este documento está realizado por militantes trotskistas bolivianos que provenimos de distintas tradiciones políticas. Un sector de nosotros ha militado en distintos momentos en el POR. El alejamiento de esta organización no significó nuestro abandono de la lucha revolucionaria sino nuestro desacuerdo con la política -sectaria en la forma, oportunista en el contenido- de esta corriente. El encuentro con compañeros de la Fracción Trotskista (Estrategia Internacional) -a su vez, en su origen, una ruptura del morenismo- dio inicio a un proceso de discusión de cerca de un año y medio. La decisión de poner en pie la Liga Obrera Revolucionaria por la Cuarta Internacional, LOR-CI, es el resultado de este proceso. En este tiempo hemos intentado retomar la tradición del movimiento trotskista en vida de Trotsky, cuando las definiciones programáticas partían de una comprensión común del programa en el plano internacional para desde ahí pasar a los acuerdos en el terreno nacional. Hemos ido así a contramano de una tradición arraigada en la izquierda boliviana, dónde la discusión internacionalista está casi ausente por completo. Nuestro grupo, partiendo de reivindicar la plena vigencia de la teoría-programa de la revolución permanente y del programa de transición, se ha conformado no sólo a partir de acuerdos generales o históricos sino sobre la base de una comprensión común de las lecciones de estrategia y programa que han planteado los eventos fundamentales de la lucha de clases internacional en los últimos años. Reivindicamos y hacemos nuestro por ello el “Manifiesto Programático” de la FT de febrero de 1998 y las principales elaboraciones planteadas en la revista Estrategia Internacional (especialmente desde marzo de 1998 hasta la fecha) sobre la crisis capitalista internacional y el programa necesario para responder a la misma, la situación de los ex estados obreros deformados y degenerados, las potencialidades y límites de la lucha campesina, la reivindicación de la centralidad revolucionaria del proletariado, así como una posición e intervención común ante la guerra de los Balcanes. Acordamos también con la necesidad imperiosa de combatir por la reconstrucción de la IV Internacional, buscando dar pasos hacia la misma sobre la base de poner en pie un Comité de Enlace por la Reconstrucción de la IV Internacional con aquéllos compañeros o grupos con los que coincidamos en las lecciones estratégicas y programáticas sobre la lucha de clases internacional. Sobre la base de estas definiciones los militantes que conformamos la LOR-CI nos proponemos, a partir de la constitución como grupo en Bolivia, integrarnos a la FT (EI) y a su combate cuartainternacionalista.

Para desarrollar nuestras posiciones se nos hace inevitable polemizar con el Partido Obrero Revolucionario (POR), la corriente que ha hablado en nuestro país en nombre del trotskismo. El POR tuvo el mérito histórico de haber popularizado y arraigado en el movimiento obrero boliviano ciertas ideas del trotskismo o, más precisamente, trotskizantes. Sin embargo, en manos del POR el programa trotskista fue bastardeado. El internacionalismo dio paso a un nacional-trotskismo extremo. La estrategia soviética para la conquista de la dictadura del proletariado fue reemplazada por la política frentepopulista del “frente único antiimperialista”. La teoría marxista del estado y la política militar proletaria sustituidas por la teoría de la “excepcionalidad” de las fuerzas armadas bolivianas. La política proletaria rebajada a sindicalismo maximalista y obrerista. Todas estas concepciones transformaron al POR, por más que se agitase una y otra vez la consigna por la dictadura del proletariado, en una corriente que en todos los momentos decisivos de la lucha de clases de nuestro país mostró su incapacidad para derrotar a las direcciones reformistas y llevar a los trabajadores a la victoria. De ahí que sea fundamental, si no quiere repetirse en forma caricaturesca el mismo derrotero oportunista del POR (como ha sucedido con tantos grupos que de él se han desprendido), plantear con claridad los fundamentos de una estrategia verdaderamente trotskista.

Por otro lado, montándose en más de una década de derrotas -más allá de recuperaciones momentáneas como a principios de los ‘90- sufrida por nuestro proletariado han surgido corrientes políticas e ideológicas de cuño diverso, que intentan llenar la falta de respuesta en el terreno de la estrategia revolucionaria, con distintas variantes de tipo populista-reformista. De ahí que en este trabajo también les dediquemos algunas líneas.

Cuartainternacionalismo consecuente o nacional-trotskismo

El POR es expresión en Bolivia de la degeneración política sufrida por el movimiento trotskista en la posguerra, lo que hemos llamado “trotskismo de Yalta”. Uno de los rasgos centrales en los que se expresa el centrismo del POR es su abandono de un internacionalismo consecuente. Trotsky sostenía que “la hora de la desaparición de los programas nacionales ha sonado definitivamente el 4 de agosto de 1914. El partido revolucionario del proletariado no puede basarse más que en un programa internacional que corresponda al carácter de la época actual, la de máximo desarrollo y hundimiento del capitalismo. Un programa comunista internacional no es, ni mucho menos, una suma de programas nacionales o una amalgama de sus características comunes. Debe tomar directamente como punto de partida el análisis de las condiciones y de las tendencias de la economía y del estado político del mundo, como un todo, con sus relaciones y sus contradicciones, es decir, con la dependencia mutua que opone a sus componentes entre sí. En la época actual, infinitamente más que durante la precedente, sólo debe y puede deducirse el sentido en que se dirige el proletariado desde el punto de vista nacional de la dirección seguida en el dominio internacional, y no al contrario. En esto consiste la diferencia fundamental que separa, en el punto de partida, al internacionalismo comunista de las diversas variedades del socialismo nacional.” (Stalin, el gran organizador de derrotas, Ed. Yunque, pág. 80). Esta concepción internacionalista está completamente ausente en la práctica del POR. Su interés por las discusiones que cruzan al movimiento trotskista y al movimiento obrero mundial es prácticamente nulo -salvo cuando se encuentra directamente implicada o cuestionada la política del POR- expresando en este plano su adaptación a las concepciones nacionalistas inculcadas a la clase obrera por el MNR, la burocracia sindical y los stalinistas [1]. Sus cuadros y militantes desprecian el estudio de los fenómenos políticos internacionales, como si lo que vivimos en Bolivia pudiese explicarse por fuera de los mismos. Sus publicaciones apenas mencionan las cuestiones candentes de la situación política internacional [2]. En la práctica del POR el internacionalismo proletario y la lucha por la reconstrucción de la Cuarta Internacional queda limitado a un conjunto de meras alusiones rituales.

Lora ha señalado reiteradamente cómo una de las debilidades fundamentales del POR su carácter “insular”, es decir, su aislamiento internacional [3]. Ha marcado cómo esto es expresión del enorme atraso cultural y político del país. Sin embargo, la “explicación” de Lora no es más que una mera justificación de la estrechez nacionalista del POR. De ahí que le quepa como anillo al dedo la frase con la que Trotsky caracterizaba a las corrientes centristas en los años treinta: “todo centrista ve como algo natural la construcción de un partido nacional, pero no le dedica el mismo esfuerzo y recursos a sus tareas de carácter internacional”. Su abandono real, más allá de la retórica, de un punto de vista internacionalista es una de las causas fundamentales que explican la adaptación del POR a los vaivenes de los aparatos reformistas nacionales. La “excepcionalidad” (del ejército boliviano, del PCB, etc.) es su explicación recurrente para justificar el abandono en distintos terrenos del programa marxista revolucionario.

Pero, si compartimos la afirmación de Trotsky de que “sólo debe y puede deducirse el sentido en que se dirige el proletariado desde el punto de vista nacional de la dirección seguida en el dominio internacional, y no al contrario”, ¿cómo pretender dar una respuesta revolucionaria correcta a las tareas que debe encarar nuestra clase obrera por fuera de un análisis serio de las contradicciones que golpean al proletariado mundial? ¿Cómo pretender ser un antiimperialista consecuente sin partir de la comprensión de la situación más general del imperialismo, por ejemplo, luego de la guerra en los Balcanes? ¿Cómo enfrentar con una política revolucionaria a las direcciones populistas y campesinas en Bolivia (IPSP, ASP) sino es viéndolas cómo una manifestación particular del desarrollo de las luchas campesinas y del fortalecimiento del populismo campesino en Latinoamérica (EZLN mexicano, MST brasileño, etc.) en la última década? ¿Cómo ser alternativa a la burocracia cobista si no es viendo su política como expresión de la tendencia a la cooptación que tienen las burocracias sindicales en su conjunto en nuestro continente? ¿Cómo pretender siquiera pensar en las perspectivas de la situación económica boliviana sin analizar las consecuencias de la crisis económica mundial y sus posibles derroteros?

Por eso nuestro intento es el de construir una organización que haga del internacionalismo una práctica cotidiana y no una consigna vacía para redactar en los programas y pronunciar los primeros de mayo. Un internacionalismo encarnado a través de tres ejes: la adopción de un “punto de vista” internacional para encarar los problemas del proletariado boliviano, ejercer el internacionalismo práctico, y asumir la lucha activa por la reconstrucción de la Cuarta Internacional, buscando superar la concepción nacional trotskista del POR y yendo así contra la corriente de una tradición arraigada en el conjunto de la izquierda, que subestima completamente la formación internacionalista de los cuadros revolucionarios.

Otros grupos que también dicen hablar en el nombre del trotskismo no han nunca superado en su práctica la misma matriz nacionalista estrecha del POR. En su crítica a éste no fueron nunca más allá de un “internacionalismo organizativo” [4]. Sin distinguirse su práctica militante de la del POR en cuanto a despreocupación cotidiana por los grandes problemas de la lucha de clases internacional, han buscado “salvar sus almas” presentando “credenciales de internacionalismo” anclando en una u otra de las tendencias internacionales que existen en el movimiento trotskista. Los morenistas del MST, la OT o POB son claros casos de esto que señalamos. Sus periódicos y publicaciones también están desprovistas de todo intento de responder a las cuestiones fundamentales de la política internacional. Lo mismo podemos decir en el plano del internacionalismo práctico. Veamos un ejemplo reciente: ni el POR, ni la OT ni el MST [5] realizaron la mínima acción durante los 80 días de guerra, mientras la OTAN devastaba los Balcanes y Milosevic limpiaba étnicamente a los kosovares.

No puede lucharse consecuentemente por forjar una dirección revolucionaria, trotskista, para el proletariado boliviano, sino es como parte de una política cuartainternacionalista consecuente.

Lecciones estratégicas y Fundamentos programáticos

En su conjunto este trabajo tiene el objetivo de presentar los fundamentos sobre los que, a nuestro juicio, debe basarse una estrategia cuartainternacionalista consecuente en Bolivia. Por más de 50 años la clase obrera boliviana ha protagonizado una guerra civil intermitente contra sus enemigos de clase. Nuestro proletariado logró un peso político clave en la vida política del país, y en sus momentos culminantes planteó abiertamente la perspectiva del poder obrero. Una y otra vez obligó a la burguesía a ceder frente a la acción obrera. Una y otra vez la sangre de los trabajadores fue el precio pagado por la insubordinación proletaria. Esta situación sufrió un punto de inflexión tras la derrota sufrida por los mineros en 1985, que implicó la desarticulación del núcleo político y organizativo de la clase obrera, que desde entonces, aún en medio de importantes combates, ha venido en retroceso.

Por décadas la COB fue el centralizador indiscutido de la vida política de la clase obrera y las masas oprimidas. Combatiéndola con la más feroz represión o buscando su cooptación, los distintos regímenes y gobiernos que se sucedieron tenían ante sí una especie de “poder dual” latente. De ahí la importancia decisiva del rol jugado por la burocracia sindical en detener la puesta en marcha de los trabajadores cada vez que estos se encaminaban hacia la independencia de clase. Hoy, a pesar del peso que continúa teniendo, el poder de la COB está enormemente disminuido. La clase obrera ha perdido conquistas y la COB capacidad política para centralizar la acción del conjunto de los explotados.

Pese a esto tenemos la convicción de que la clase obrera boliviana volverá a ponerse a tono con la tarea histórica que tiene planteada: la de terminar con la dominación imperialista y de sus agentes capitalistas nativos para imponer un gobierno obrero y campesino (dictadura del proletariado). Está escrito, entonces, no como un ejercicio académico sino con el fin de afinar la estrategia y el programa que permitan lograr tal objetivo. Buscaremos en él realizar una aproximación inicial, inevitablemente rudimentaria, sobre cuáles fueron, a nuestro juicio, las causas que impidieron a la clase obrera hacerse del poder. Lo haremos, en primer lugar, sacando las conclusiones estratégicas y programáticas de los principales hitos revolucionarios protagonizados por nuestra clase obrera: la revolución de 1952, el ascenso ‘70-‘71 y la ocupación minera de La Paz durante la huelga general de marzo de 1985, como la culminación de un periodo agudo de lucha de clases desde 1982. Luego nos referiremos a la situación de la clase obrera y sus aliados de la nación oprimida -en primer lugar el campesinado- tras el retroceso sufrido en la última década y media, marcando los elementos programáticos centrales sobre los que debe construirse hoy la alianza revolucionaria obrera y campesina. Por último plantearemos otros aspectos referidos al carácter de la organización revolucionaria que nos proponemos construir. Como pequeño grupo inicial de propaganda, la LOR-CI busca evitar en su surgimiento dos peligros igualmente funestos. Uno, el de los grupos que se constituyen sin ningún acuerdo ideológico y programático serio, sólo a partir de meras coincidencias tácticas. Son corrientes que desprecian la definición de Lenin de que “sin teoría revolucionaria no hay práctica revolucionaria”, que están destinadas al rápido estallido o a adaptarse irremisiblemente a los vaivenes de las corrientes burguesas y reformistas. Del seno de la clase obrera y el movimiento estudiantil -y también el campesinado- surgen permanentemente activistas de vanguardia que se destacan en las acciones callejeras pero que dejan de lado la comprensión profunda de la teoría y el programa revolucionario, y así son empujados a la frustración por parte de las direcciones traidoras. El otro peligro es el de hacer un club de meros discutidores, que escudándose en sus pequeñas fuerzas busque evitar contacto con la lucha de clases real. La LOR-CI manifiesta su oposición a cualquiera de estas dos concepciones. Aún con nuestros enormes límites, buscaremos desde el principio probar las conclusiones estratégicas y programáticas sobre las que nos basamos en los combates reales de nuestra clase obrera.

[1] El mismo Lora da cuenta de esta situación cuando señala: "La tremenda y desagradable experiencia vivida bajo el control burocrático y destructor del pablismo sobre el SI de la IV I, que se tradujo en los intentos de destrucción del POR, se cristalizó en una acentuada desconfianza hacia las organizaciones internacionales y deliberadamente se vivió de espaldas a ellas. La convicción de que era necesario entroncarse en el movimiento trotskista internacional se tradujo en la idea de constituir una organización continental, pero no pudo efectivizarse porque el trabajo dentro del país absorbía todas las energías y efectivos del partido." (Contribución a la historia política de Bolivia, Tomo II, pág.459)

[2] Baste como ejemplo consultar los ejemplares de Masas durante la reciente guerra de los Balcanes, a la que dedicó mínimos espacios.

[3] "El aislamiento del POR por muchos años del movimiento revolucionario mundial ha constituido una de sus debilidades más remarcables y cuyas huellas es todavía posible percibir" (Contribución a la historia política de Bolivia, pág. 5, T.I).

[4] Es interesante notar cómo las principales críticas de Lora a los dirigentes centristas de la IV Internacional en cuanto a su contribución en el aislamiento nacional del POR son achacadas a que éstos no aportaron para que el POR tuviese una línea correcta frente a la revolución boliviana. Aún en este plano Lora nunca se eleva desde el punto de vista de un nacional-trotskista al de un cuartainternacionalista consecuente.

[5] Que estas dos últimas organizaciones sean parte de pequeñas organizaciones o proyectos de organizaciones internacionales no cambia que sus militantes realicen una práctica igual de sindicalista y nacionalista que el POR (que a su vez también recubre su nacionalismo con pequeños núcleos de seguidores en dos o tres países). Para estas corrientes su reivindicación de la lucha por "reconstruir la cuarta internacional" es pura retórica que no vacilan en dejar de lado, aún en este terreno, en pos de proyectos completamente oportunistas. Así la LIT, a la que pertenece el MST, es parte del KORKOM, que sostiene la lucha por un Partido Obrero Revolucionario mundial de sexo político indefinido, junto a grupos opuestos a la política defensista ante los estados obreros deformados y degenerados sostenida por los trotskistas. Y la OT es aliada del PO argentino que cambia sus llamados a "refundar inmediatamente la Cuarta Internacional" por llamamientos a "conferencias clasistas internacionales" junto a direcciones no proletarias como los Sin Tierra brasileños.


La Fracción Trotskista - Cuarta Internacional está conformada por el PTS (Partido de Trabajadores por el Socialismo) de Argentina, la LTS-CC (Liga de Trabajadores por el Socialismo - Contra Corriente) de México, la LOR-CI (Liga Obrera Revolucionaria por la Cuarta Internacional) de Bolivia, LER-QI (Liga Estrategia Revolucionaria) de Brasil, Clase contra Clase de Chile, LTS (Liga de Trabajadores por el Socialismo) de Venezuela,
LRS (Liga de la Revolución Socialista) de Costa Rica y Clase contra Clase del Estado Español.