Uno de los postulados del Sumaj Kamaña tiene relación con el trabajo como fiesta. Choquehuanca en entrevista con el periódico la razón (enero de 2010) menciona “El trabajo para nosotros es felicidad”...”...a diferencia del capitalismo donde se paga para trabajar, en el nuevo modelo del Estado Plurinacional, se retoma el pensamiento ancestral de considerar al trabajo como una fiesta. Es una forma de crecimiento, por eso que en las culturas indígenas se trabaja desdepequeños.”(http://www.la-razon.com/versiones/20100131_006989/nota_247_946416.htm)
La propagandización de este y otros postulados tiene el tinte de maniobra y manipulación ideológica en dos dimensiones. La primera porque el Sumaj Kamaña es presentado de manera abstracta, ahistórica y, por lo tanto, ligado a un fuerte enfoque de idealización de lo comunal rural que no tiene ningún asidero con la realidad actual de quienes habitan lo rural andino y menos con la dinámica urbana y los patrones capitalistas que apoya la gestión de gobierno y que rigen la vinculación de Bolivia en la totalidad de la economía mundial.
Uno de los aspectos importantes de quienes presentan el Sumaj Kamaña implica considerar la etnicidad como algo exclusivo de la etnia o grupos indígenas y, por lo tanto, alejado o independiente de las condiciones y dinámicas estructurales de la sociedad, es decir, de la estructura clasista.
Lo étnico no es algo excluyente de lo clasista y los grupos étnicos no pierden por ser tales su carácter y raíz de clase. Al no considerar este aspecto, todos los fenómenos derivados de lo étnico (también a nivel ideológico) se convierten en un absoluto que se encontraría por encima de la historia y de las transformaciones que se operan en los modos de producir; se genera una mirada mítica de elementos de la vida de uno o de varios grupos étnicos, una mirada que postula la inmutabilidad de estos grupos. Esta manera de encarar estos fenómenos ha sido también común para las corrientes más radicales del indianismo y metodológicamente han representando la concreción de una visión y filosofía idealista, donde precisamente las ideas tratan de forzar la realidad y no de manera inversa que implica que la realidad a través de diversos procesos delinea los diferentes aspectos del pensar.
Una segunda dimensión del uso del Sumaj Kamaña tiene un contenido político al servicio de una estrategia concreta del gobierno; es parte de las acciones del manejo simbólico de la contención popular, de enmascarar los modelos de modernidad contenidos en la propuesta de capitalismo andino/socialismo comunitario que se basan en una integración con el capital transnacional, el apoyo del empresariado, la utilización de la micro empresa y la fuerza laboral informal como bases del desarrollo.
Es decir, una estrategia de más capitalismo (ver “Revolución democrática y capitalismo andino” en www.lorci.org/article.php3?id_article=132) centrada en la alianza y negociación con las clases dominantes así como en el fortalecimiento de formas de producción de alta absorción de fuerza de trabajo pero extremas en términos de explotación como el conjunto de las microempresas que se constituyen sobre relaciones de parentesco y compadrazgo para soslayar cualquier regulación de las leyes laborales pero para ampliar la ganancia a costa de sus trabajadores.
Utilizado asi el Sumaj Kamaña opera como arma de distracción frente a esta estrategia capitalista, tratando de enmascarar una realidad que refleja que en Bolivia el nivel de ingreso no sirve para cubrir la canasta básica de las familias, que el desempleo para el 2009 alcanzaba el 8%, que la política de salarios es de congelamiento, que los aumentos al salario mínimo centrados en la negociación entre partes son de conveniencia de las patronales con aval del estado y que la flexibilización así como subcontratación no se han eliminado, sino más bien se ha legalizado como lo refleja el decreto supremo 0107 (1/05/09) que avala la subcontratación y descarga toda responsabilidad social frente a los trabajadores por parte de las empresas contratantes.