Balance y perspectivas

Bolivia: lecciones estratégicas de la rebelión obrera, campesina y popular

Por Javo Ferreira - LOR-CI, Daniel Vargas Downing ·

Luego de 50 días de movilización y bloqueos de carreteras, el gobierno de Rodrigo Paz finalmente logró inclinar a su favor la situación. La traición de la burocracia de la COB, abandonando sus compromisos con la Federación de las 20 provincias Tupac Katari y con los Comités de auto convocados de la ciudad de El Alto, facilitó la labor represiva cuando horas después el gobierno emitió el DS 1740, imponiendo el estado de excepción y militarizando las carreteras del país. El repliegue de las organizaciones campesinas ante esta situación terminó confirmándose 4 días después, luego de que el gobierno anunciara que todas las vías del país estaban liberadas.

Bolivia: lecciones estratégicas de la rebelión obrera, campesina y popular

Luego de 50 días de movilización y bloqueos de carreteras, el gobierno de Rodrigo Paz finalmente logró inclinar a su favor la situación. La traición de la burocracia de la COB, abandonando sus compromisos con la Federación de las 20 provincias Tupac Katari y con los Comités de autoconvocados de la ciudad de El Alto, facilitó la labor represiva cuando horas después el gobierno emitió el DS 1740, imponiendo el estado de excepción y militarizando las carreteras del país. El repliegue de las organizaciones campesinas ante esta situación terminó confirmándose 4 días después, luego de que el gobierno anunciara que todas las vías del país estaban liberadas.

Sin embargo, lejos de abrir una puerta que permita una salida a la crisis política, las filas por combustible a días del desbloqueo continúan, lo que pone en evidencia que el gobierno de Paz no solo que no puede garantizar la distribución de hidrocarburos, sino que existe aún hoy un enorme riesgo de que esos combustibles sean “basura” como se califica a los combustibles contaminados que Paz y sus funcionarios distribuyeron los meses pasados.

Esta situación agrava la debilidad de un gobierno que se sostiene apenas por un precario respaldo de las clases medias y que solo pudo evitar renunciar gracias a la colaboración de los dirigentes de la COB.

Adicionalmente, hay que señalar que Paz también se sostuvo gracias a la intervención norteamericana, mas que nada en el terreno político, que le brindaron apoyo abiertamente, incorporando al ministro Justiniano (con conocidas lazos con EEUU), con la negociación con el FMI o el reingreso de la DEA, todos estos fueron mensajes de apoyo al gobierno de Paz. Esto debemos considerarlo como parte de los planes de EEUU con su política “Donroe”, que ha implicado la injerencia norteamericana en Latinoamérica apoyando regímenes de derecha y antipopulares; Paz, en este sentido tiene que continuar desarrollando su política neoliberal si quiere congraciarse con Trump. Lo anterior vuelve a poner la política antiimperialista a la orden del día en todo el continente.

Lejos de una contundente victoria, como algunos afiebrados de la mano dura creen ver, lo que hay es una especie de suspensión momentánea del conflicto. Un analista del Beni calificaba la situación actual como de una “olla a presión”. Si bien Paz se anota un punto, lo cierto es que la aparente solución del conflicto social reveló otra crisis que el gobierno no supo resolver, como es el abastecimiento de hidrocarburos. Otro límite del gobierno es la economía, considerando que el Banco Mundial prevé una caída 3,2% para este 2026, el peor desempeño para Latinoamérica, este “fantasma” pena al gobierno acortando cualquier margen de maniobra para desarrollar algún tipo de pacto social, por el contrario estará más presionado a desarrollar políticas de ajustes, ya estamos viendo alguno de estos elementos con la devaluación del boliviano, ¿cuanto más presionará la inflación, la devaluación, etc.?.

La apariencia de normalidad que intenta sembrar el gobierno de Paz se ve amenazada toda vez que sus aliados de Libre, de Tuto Quiroga, o de los Comités Cívicos exigen y presionan por un “escarmiento” para los movilizados, pidiendo no solo la detención de Evo Morales, sino incluso la militarización del Chapare y procesos penales contra los dirigentes de la COB, de la CSUTCB y de la Túpac Katari, además de Nilton Condori y Evo Morales.

Otros, como el diputado Alarcón, vuelven a reflotar el proyecto de “Ley Antibloqueos”, en abierta provocación a los sectores populares recientemente movilizados. Creen haber inclinado la relación de fuerzas entre las clases lo suficiente como para imponer todo su plan de ajuste y encarcelar a los dirigentes sindicales. Exigen del gobierno una aplicación mucho más enérgica del estado de excepción. Sostienen al gobierno pero socavando la escasa base social que aún le queda y apuestan a capitalizar su debilidad, convirtiendo a Rodrigo Paz en un peón del proyecto ultra derechista de Quiroga.

Pero a estas dificultades y dependencias por derecha a las que está sujeto el gobierno de Paz es necesario también ver cuáles son los factores y presiones provenientes de las clases trabajadoras del campo y la ciudad, a las cuales supuestamente acaba de derrotar. Para esto, es necesario examinar detenidamente los puntos fuertes y débiles de la pasada movilización, comprender la naturaleza de sus demandas y cómo estas pasaron de exigencias corporativas y sectoriales para finalmente exigir como único pedido la renuncia del presidente.

Es necesario, finalmente, conquistar una mirada sensata de la relación de fuerzas entre las clases sociales en pugna, una mirada que permita encuadrar el reciente conflicto en un espacio temporal más amplio, para ver de dónde venimos y sobre todo formular algunas hipótesis sobre la dinámica de la crisis y lucha de clases para el próximo periodo, considerando que ninguna de las partes del conflicto se encuentra derrotada y que la crisis está lejos de cerrarse.

El problema estratégico de la clase trabajadora y el corporativismo como obstáculo

Durante los casi dos meses de bloqueos y movilizaciones, el peso del plan de lucha recayó fundamentalmente en el movimiento campesino del occidente y los trabajadores precarizados de la ciudad de El Alto.

Lamentablemente la dirección de la COB se negó en todo momento a efectivizar el paro de labores en los centros de trabajo como habían declarado en el Cabildo del 1 de mayo. En múltiples oportunidades se discutió con la COB y la FSTMB este problema central de la movilización. Durante varias semanas, mientras la movilización tendía a crecer, el equilibrio de fuerzas con el gobierno central se empantanó, generando una situación que definimos como la de un “equilibrio inestable”.

El gobierno intentó en varias oportunidades romper este equilibrio inclinando la situación a su favor mediante el uso de la represión. Intentaron esta política en Parotani, Cochabamba, Río Abajo en La Paz y en San Julián, en Santa Cruz, donde no se privaron del uso de civiles armados que, con la policía y las FF.AA,. intentaron desbloquear. Fueron derrotados.

Pero, por el lado de los movilizados, la posibilidad de romper el equilibrio a favor de las y los trabajadores y el pueblo movilizado sólo podía venir de la incorporación de las fuerzas obreras y urbanas a la lucha. No era suficiente que la COB movilizara sólo a comisiones sindicales, era necesario, ante los intentos del gobierno de romper el equilibrio mediante la represión, responderle con la incorporación masiva de la clase obrera al conflicto. Esto no sucedió. El SMTMH (Sindicato Mixto de Trabajadores Mineros de Huanuni) dos días antes de la capitulación de la COB firmó un acuerdo con el gobierno por el cual cada trabajador recibiría un bono de 5000 Bs por no movilizarse, según denunció una diputada del PDC. De la misma forma, el sindicato de los trabajadores mineros de Colquiri firmó un convenio para recibir inversión extranjera en el yacimiento.

Argollo y el CEN de la COB no vieron necesidad de enfrentar públicamente estos acuerdos, sino que, para peor, se sumaron al diálogo con el gobierno desconociendo las resoluciones y acuerdos firmados durante el conflicto y entregando carta blanca al gobierno para decretar el estado de excepción y militarizar a los sectores que rechazaron el diálogo. La incorporación de los trabajadores asalariados al conflicto hubiera permitido atacar directamente los negocios agroindustriales, mineros y en general los negocios empresariales. San Cristóbal así como toda la minería continuó exportando sin inconvenientes, mientras el movimiento campesino sostenía el plan de lucha. El magisterio urbano y rural abandonó la movilización cuando sus dirigentes firmaron un acuerdo de un bono de 2500 bs. La concepción estrechamente corporativista y sindicalista de las direcciones sindicales fueron la base para que la política de Paz de prebendalización de sectores y dirigentes cayera en tierra fértil, facilitando la traición de Argollo y demás dirigentes.

Algo más que debemos reflexionar en este aspecto, es que si bien el centro de lo que hemos discutido es la responsabilidad de las direcciones durante el proceso, también hay que señalar que faltó en las filas obreras la emergencia de una “vanguardia” de los sectores estratégicos estructurados que hubiese desafiado los pactos; de haber surgido una corriente o movimiento entre las filas de los trabajadores mineros y fabriles afiliados a la COB que cuestionaran los diálogos, la traición de Argollo habría sido más difícil, o por lo menos más costosa.

Las próximas batallas de clase requieren pelear conscientemente por el surgimiento de sectores anti burocráticos y combativos dentro de los trabajadores y trabajadoras sindicalizadas, para ser una alternativa a la dirección burocrática de la COB y sus confederaciones departamentales y regionales.

Fenómeno antiburocrático, comités de bloqueo y la autoorganización como estrategia

El gobierno de Paz, en poco más de 6 meses no solo que agotó el capital político prestado con el que ganó las elecciones, sino que al hacerlo tuvo que afrontar dos procesos de movilización y lucha obrera, campesina y popular.

El primero fue el que se dio en diciembre y enero con motivo del DS 5503 y el segundo es el que arrancó, intentando ponerle una fecha, el 1 de mayo y que se tradujo en más de 50 días de movilización y bloqueos.

La provocación de Rodrigo Paz y la derecha parlamentaria, empezó con el intento de aplicar un durísimo plan de ajuste que no solo reconfiguraba toda la estructura económica sino que además lo hacía vulnerando derechos constitucionalizados. La respuesta obrera y popular no se hizo esperar, y en las vísperas de navidad del 2025 comenzó un intenso proceso de movilización que exigía la abrogación del DS 5503 y que se prolongó hasta fines de enero, momento en que la movilización pre anunciaba la posibilidad de un levantamiento nacional.

La dirección de la COB, encabezada por Mario Argollo, que se había renovado un par de meses antes, luego de que Juan Carlos Huarachi y la burocracia afín al MAS fueran duramente cuestionados, aprovechó las expectativas que en sectores de base se habían desarrollado durante la movilización para usarla en la firma de un acuerdo que abrogaba el 5503, pero que , sin embargo, garantizaba el gasolinazo con el visto bueno de la COB. La traición a la movilización, le permitió al gobierno de Paz, ganar unos meses en los que los ataques a los trabajadores y el pueblo se intentaron imponer con nuevos y más decretos así como en leyes que fueron aprobadas de manera express por el parlamento derechista. Pero por otro lado, la traición desgastó aceleradamente a la flamante dirección de la COB, abriendo un proceso en amplios sectores populares y de trabajadores precarizados de desconfianza profunda a las direcciones sindicales y de los movimientos sociales, de naturaleza antiburocrática y que impulsó un proceso de autoorganización al iniciarse este nuevo ciclo de lucha a fines de abril.

Entre las normas emitidas por el gobierno estaba la ley 1720 de reconversión de la pequeña propiedad agraria en mediana propiedad, facilitando de esta manera el desarrollo de un mercado de tierras y la posibilidad de acaparamiento por parte de agroindustriales y banqueros. El inicio de la movilización indígena de tierras bajas exigiendo su abrogación se combinó con movilizaciones de salud, magisterio y transportistas. Esta convergencia de protestas inauguró un creciente fenómeno de acumulación de fuerzas que cristalizó en el cabildo masivo del 1 de mayo convocado por la COB y que, ante la negativa por parte de Paz de dialogar los diversos pliegos de demandas, terminó convocando a la Huelga General Indefinida hasta la renuncia de Paz como única exigencia.

A partir de ese momento, en la medida que se iban incorporando nuevos y más sectores a la movilización con comunidades campesinas, que iniciaban el bloqueo de caminos, también se desarrolló un fenómeno antiburocrático profundo que, alimentado por la desconfianza sembrada por la traición de la COB a fines de enero, se desarrolló con una intensidad que no se había manifestado en otros ciclos de lucha pasados. Surgieron decenas de comités de bloqueo y de movilización que luego de desconocer a dirigentes tibios o cobardes empezaron a tomar la dirección de los bloqueos y la lucha.

Así la ciudad de El Alto, luego de desconocer a dirigentes de la FEJUVE, se movilizó de la mano de estos comités que surgían de asambleas y cabildos de vecinos autoconvocados, poniendo en marcha una de las experiencias de autoorganización más importantes de los últimos años y con una intensidad que ni en la Guerra del Gas o del Agua se había manifestado. Este fenómeno, alimentado por la profunda desconfianza a los dirigentes, permitió incorporar al proceso de movilización a miles de trabajadoras y trabajadores, vecinos, estudiantes y a todos quienes habían sentido como una traición los ataques de Paz, éstos avanzaban en la movilización por su renuncia, prescindiendo en muchos casos de sus organizaciones y dirigentes naturales.

Fueron estos comités los que, junto a las organizaciones campesinas afiliadas a la Tupac Katari y en menor medida a la CSUTCB, sostuvieron por más de 50 días la movilización nacional, mientras la COB, como dirección formal del conflicto se limitaba a movilizar comisiones sindicales sin garantizar el plan de lucha en los centros mineros, fabriles y empresas de servicios.

Fueron estos comités los que, una y otra vez, exigieron en ampliados nacionales y cabildos multitudinarios que la COB y la FSTMB pasen de las palabras a los hechos y garanticen el paro de labores, única forma de afectar las ganancias capitalistas, estatales y privadas. Fueron finalmente estos comités los que luego de la traición de Argollo y el CEN de la COB, emitieron un comunicado firmado por el D8, D7, D5 y D14 repudiando la convocatoria de la COB a mesas de diálogo con el gobierno, afirmando que con “nuestros muertos no se negocia”.

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La radicalidad que expresaron los comités de autoconvocados era la expresión genuina de la voluntad de lucha de las bases movilizadas que gracias a esa desconfianza en los métodos de la burocracia sindical, desarrollaron mecanismos de democracia directa y participativa a partir de las asambleas y cabildos. Fue esta radicalidad la que estableció, ante los intentos dialoguistas de diversos dirigentes, las resoluciones que las grandes organizaciones como la COB, la CSUTCB y la Tupac Katari adoptaron sobre la exigencia de la renuncia de Paz y la continuidad de la movilización hasta alcanzar este objetivo. La posibilidad de diálogo con el gobierno quedaba así de antemano excluida y empujaba a las organizaciones a masificar la movilización.

Estos fenómenos políticos de autoorganización de base, además de la desconfianza y vigilancia de dirigentes, entendido como un fenómeno antiburocrático, son fenómenos nuevos, que no habíamos visto en procesos de lucha de clases precedentes, considerando la historia reciente donde incluímos las históricas jornadas de lucha en la Guerra del Agua y del Gas, pero tienen, sin duda, fundamentos en ellos, entendiendo que El Alto y Senkata, así como el DIstrito 8, fueron enclaves de lucha y resistencia, así como lo fueron para el golpe de estado del 2019. Esta acumulación de experiencias, sumada a la reciente traición de enero, fue caldo de cultivo para esta experiencia acelerada en términos de organización democrática de base.

Esto tuvo ciertos límites. Ya nos referimos previamente a la ausencia de una vanguardia obrera antiburocrática. También debemos reconocer que los fenómenos anti burocráticos que acá destacamos se desarrollaron más particularmente como nos referimos en El Alto, donde surgieron comités que desconocieron a sus dirigencias, el campesinado, disciplinadamente, siguió a sus direcciones incluso cuando ésta decidió levantar las movilizaciones, sin embargo, esto no significa que no hayan existido fenómenos de cuestionamientos a las dirigencias en sectores campesinos, con chicotazos, apedreos, desconociendo dirigentes, acusaciones de traición o de vendidos, etc.

La cuestión de los bloqueos y el abastecimiento de los movilizados: una cuestión de poder territorial

A lo largo de los 50 días de movilización uno de los problemas más intensos que se manifestó fue el del abastecimiento, particularmente en las ciudades de La Paz y El Alto. Como afirmaron algunos dirigentes de la Tupac, lo prolongado del conflicto comenzó a provocar una agudización de la polarización social y política, donde grupos derechistas empezaron a buscar y alentar el desbloqueo mediante el enfrentamiento, como lo intentaron abiertamente en San Julián, aunque fracasaron. Por otro lado, lo prolongado del conflicto también se tradujo en cansancio de los sectores movilizados y una creciente necesidad de encontrar una solución a los problemas del abastecimiento de alimentos.

Los dirigentes campesinos no tuvieron una estrategia que permitiera romper el empate, y con ello el proceso de desgaste. Sin embargo, en los procesos de autoorganización, en los cabildos y asambleas de Senkata, se buscaron formas de resolver este impasse de la lucha. Desde el comité del D8, se buscó levantar diversas iniciativas para salvar la situación, como fue la Constitución de comités de abastecimiento, comités de olla común, comités de enlace con la comunidad de Achocalla, ferias organizadas por los comités de bloqueo, comités de prensa, entre otras que tendían a resolver los diversos problemas que la movilización exigía.

Lamentablemente, estas iniciativas no llegaron a desarrollarse debido a la defección de Argollo y la COB, pero empezaban a mostrar un camino que permite fortalecer la movilización, disminuir la presión por alimentos y alentar a las y los trabajadores urbanos a sumarse a la lucha.

La importancia del surgimiento de estas formas de autoorganización, así como la voluntad expresada en los cabildos de que estos comités empiecen a tomar tareas como el abastecimiento, la seguridad, la alimentación de los movilizados, radica en que las mismas adquieren un carácter estratégico y son un germen hacia el doble poder. Si cada punto de bloqueo empezaba a expresar el poder territorial de los movilizados de una manera objetiva, la construcción de estas formas de autoorganización y su desplazamiento hacia tareas urgentes como el abastecimiento, la alimentación o la defensa implicaba empezar a dotar a ese poder territorial de elementos conscientes, que no sólo eran susceptibles de potenciar la movilización, sino sobre todo empezar a construir instituciones que, enfrentadas a la legalidad gubernamental, podían empezar a expresar ese poder de los de abajo, de los movilizados, y con ello su posibilidad de poner en perspectiva un gobierno de las y los trabajadores y campesinos.

Esto es relevante, puesto que los bloqueos lograban hacer su punto político, sin embargo, como método, le impedía ganar hegemonía social necesaria para desfondar al gobierno de Paz, en concreto, los bloqueos afectaron y agotaron al campo y aisló a los campesinos de la población urbana, alentando una politización que el gobierno buscó aprovechar ante el desabastecimiento y las dificultades que día a día afectaban a millones. Haber desarrollado la organización popular del abastecimiento habría permitido cerrar esta brecha fortaleciendo la unidad campesina, popular y obrera entre el campo y la ciudad.

El problema de los futuros embates

Como señalamos más arriba, el conflicto no está cerrado, la crisis no se ha resuelto ni hay derrotas que hayan abatido a los contrincantes, hay una especie de suspensión de la lucha, debido a la traición de la COB y el retroceso de los demás sectores movilizados producto del estado de excepción. Esto quiere decir, o anuncia, una vuelta a la movilización producto de la incapacidad del gobierno de retomar el orden y la estabilidad para los negocios capitalistas. Nada impide que las masas vuelvan a la lucha empujadas por los atrevimientos de la derecha que quiere llevar hasta el final el plan neoliberal de Paz, o bien por un nuevo decretazo que afecte aún más la calidad de vida de las masas del campo y urbanas, o una nueva asonada represiva, etc., estos episodios son “habituales” en la historia boliviana.

Esto obliga a que ante un nuevo embate de la lucha elevemos los medios del combate y organización. No podemos volver a empezar de cero, hay que valerse de la experiencia acumulada de autoorganización y de lucha contra la burocracia, ampliar los comités y desarrollarlos aún más para que pasen a ser organismos que unan a todos y todas las que quieran luchar y que coordinen los futuros combates.

Si en un próximo embate queremos torcer la resistencia del gobierno hay que fortalecer y desarrollar organismos de tipo soviético, cuyo germen, hipotetizamos, puede estar, con sus límites, en los comités de bloqueo que se desarrollaron en El Alto, buscando coordinarse entre comités, organizando asambleas y cabildos, participando en ampliados de otras organizaciones para unir y sumar fuerzas a la lucha. De mantenerse y desarrollarse estos comités, en el marco del estado de excepción, pueden ser un importante punto de enlace entre los campesinos y la organización en la ciudad.

También, como hemos señalado anteriormente, es fundamental pelear para que en futuras batallas se incorporen a las y los trabajadores asalariados, sobre todo los grandes batallones de mineros y energéticos; unir a los explotados del campo y la ciudad; tener una política hacia las grandes masas afectadas por la crisis, hacia el movimiento estudiantil y hacia todos los sectores oprimidos del país.

Fuera Paz como consigna radical que limitaba la acción de la burocracia.

Las dirigencias burocráticas se encontraron con un límite para traicionar la movilización, una consigna que no se satisfacía con bonos o prebendas, sino que requería un compromiso con la movilización, que cada día requería mayor compromiso de los movilizados. Si los movilizados estaban en cada punto de bloqueo por la renuncia de Paz, entonces los dirigentes no podían reclamar menos. Esta consigna radical tenía un valor estratégico porque permitía poner un puente entre este descontento y que hacer una vez renunciado Paz, ¿gobierno provisional o asamblea constituyente?, es decir, se ponía a la orden del día el decidir los destinos del país.

La importancia de las organizaciones políticas. El rol de la izquierda en una movilización de masas que tendió a la politización.

Durante el conflicto las diversas fuerzas de izquierda tuvieron un rol vergonzoso y cuando no estuvieron ausentes. Por ejemplo, en el caso de Evo Morales, seguido de Evo Pueblo y demás restos del “Evismo”, hace un par de días dijo que el reclamo por la renuncia de Paz era exagerado. Se mantuvieron al margen de la “Rebelión popular”, expresión con la que Evo calificó la movilización, y respondiendo a los ataques de la derecha que busca hacerlo responsable, declaró que en ningún momento ellos solicitaron la renuncia. En sintonía con esta orientación, el Partido Comunista de Bolivia, que se mantuvo junto a Morales primero y luego con Arce, recién apareció a mediados de junio con una escueta declaración llamando al diálogo y olvidando por completo la represión y la demanda popular por la renuncia de Paz. Se ubicaban, de esta manera, a la derecha de Argollo y toda la burocracia sindical.

Mención especial la tiene el POR y el magisterio urbano de La Paz que dirigen. Tanto en la primera movilización de enero como en la segunda de mayo y junio, el magisterio urbano estuvo movilizándose contra los intentos de desfinanciar la educación, por el aumento salarial y por el pliego de la COB. Es más, el magisterio, tanto urbano como rural, junto a salud y fabriles estuvieron movilizados previamente a la convergencia en el Cabildo del 1 de mayo. Sin embargo, como quedó claro en los primeros días de mayo, la movilización de estos sectores siempre se mantuvo en el marco de la lucha sindical. El POR, fue la organización que con mayor énfasis defendió esta orientación, que dicho sea de paso, se ubicaba más a la derecha que la burocracia de Argollo.

Se opusieron sistemáticamente a la consigna de “renuncia de Paz”, porque como dijeron, la consideraban una consigna electoralista, ya que la renuncia implicaba el ascenso de Lara y la convocatoria a nuevas elecciones. Sin embargo, la realidad es otra. La consigna de “renuncia de Paz” emergió en cabildos, ampliados y asambleas como expresión de rechazo a todas las medidas del plan de ajuste de Paz, además de responder al gobierno su negativa a discutir los pliegos y demandas de los sectores movilizados.

Paz, al ver el crecimiento de la movilización, cambió su política de rechazo a todo diálogo, a intentar desmovilizar mediante convocatorias a un diálogo mientras se reprimen duramente las movilizaciones. La exigencia de renuncia, en este momento, se convirtió en un obstáculo para la burocracia sindical de Argollo y de todos aquellos dirigentes que solo habían impulsado la movilización para mejorar sus posiciones en una eventual negociación. Mientras Argollo, para ir al diálogo y traicionar la movilización, tuvo que volver atrás sobre sus propias palabras, desconocer los acuerdos que había firmado con la Tupac Katari y abandonar la exigencia de renuncia, el POR no necesitó hacer eso, ya que desde un principio se negaron a sostener la exigencia de renuncia y estuvieron dispuestos a sentarse en una mesa de diálogo “si el gobierno los invitaba”. Dejaron de movilizarse muy tempranamente, al igual que el magisterio rural, luego de que Paz ofreciera un bono de 2500 bs.

Más deleznable resulta la participación del POR considerando el rol que podría haber jugado el magisterio urbano de haber abierto las escuelas para apoyar las movilizaciones, servir de centros de descanso y de organización de la movilización, pero en esto el POR se borró, olvidaron sus declaraciones grandilocuentes sobre la unidad de las masas obreras y campesinas; no buscaron que el magisterio, dentro de la COB, fuese un puente concreto entre los campesinos y los trabajadores urbanos; sus posiciones sindicales les sirvieron para negociar un bono, no para desarrollar la movilización. Son, el POR, en tal sentido, sindicalistas consecuentes, pero en términos de la lucha de clases fueron reformistas que actuaron a la derecha de Argollo, encubriendo su capitulación, con frases generales sobre la Asamblea del Pueblo o el gobierno obrero y campesino. En el POR, estas afirmaciones, no tienen ningún valor.

Desde la LOR-CI, parte de la Corriente Revolución Permanente, dentro de nuestras posibilidades, buscamos volcarnos a la movilización para fortalecerla y ser un factor revolucionario en el proceso, es decir, alentando todas las formas de auto organización democrática que las y los movilizados pusieron en marcha, alentando la coordinación y buscando contribuir a hacer consciente lo que decenas de miles en las calles ponían en movimiento. Nos referimos a los comités de abastecimiento, de autodefensa o de olla común, que en los últimos días del conflicto se habían empezado a discutir en varios de los sectores movilizados. En suma no solo peleamos para que la clase obrera “formal” se incorporara a la huelga general sino que lo hiciera soldándose con la vanguardia de la movilización como era el movimiento campesino. Toda esta labor permanentemente buscó construir un puente entre la exigencia de masas de “renuncia de Paz” con la necesidad de un gobierno de las y los trabajadores, es decir, construir un puente dirigido a lograr mediante la movilización un gobierno provisional de las organizaciones en lucha.

Desde La Izquierda Diario estuvimos desde el minuto uno en la calle cubriendo las movilizaciones y la organización, dando voz a los sectores en lucha que peleaban contra la traición, denunciando cada paso del gobierno, cada uno de sus lazos con los intereses capitalistas y desprestigiando cada intento de diálogo como una trampa. Así mismo, como parte de la Red internacional de diarios, buscamos influir a esos sectores combativos en lucha, pero también peleamos por romper el cerco para que la rebelión boliviana impactara en millones de trabajadores, trabajadoras, jóvenes y militantes de todo el mundo. Eso se expresó en un crecimiento impresionante de nuestra llegada habitual, que multiplicó varias veces sus visitas a nuestro portal y sobre todo en las redes sociales que era el medio de comunicación más utilizado por los sectores movilizados. En este sentido, por ejemplo, pasamos a tener entre 100 y 200 visitas en nuestra web por día desde el mes de enero a mas de 800 en los momentos mas algunos de la movilización, o que sólo en mayo tuvimos 1,7 millones de visualizaciones en Facebook y Instagram, llegando a cientos de miles de personas.

En esa tarea es que prestamos especial atención al Distrito 8 y el desarrollo de sus comités y cabildos, nuestra intervención ahí buscó desarrollar esas tendencias a la autoorganización y las tendencias anti burocráticas. Pero también nuestra intención era romper el cerco mediático de la prensa y el establishment racista y anti indígena, que trataba de volcar la opinión pública en favor del gobierno.

En medio de la represión impulsamos el ProDHCre, organismo de profesionales por los DDHH y contra la represión estatal y que hoy está en la primera línea de defensa de los detenidos y perseguidos por responsabilidad del acuerdo de Argollo. El ProDHCre viene buscando ser una referencia para la defensa de los detenidos y denunciar la represión.

Desde el mundo universitario buscamos intervenir a contracorriente desde Combate Rojo en donde tuvimos que enfrentar los ataques de rectoría y de los sectores de derecha que intentaban desmoralizarnos, para poder llevar el conflicto a la universidad, ganándonos el mote de ser “la izquierda” en la UMSA.

Así mismo, desde nuestra corriente internacional Corriente Revolución Permanente, fuimos parte de la organización de la misión de DDHH que vino desde Argentina para observar las violaciones a los DDHH en el gobierno de Paz. Así mismo, este conflicto fue parte de la militancia internacionalista de la CRP, con el aporte de compañeros y compañeras de Chile, Brasil y Argentina, también de acciones en Europa y una campaña que recorrió el mundo buscando fortalecer la pele por una salida revolucionaria a la rebelión pero también para que la rebelión impactara sobre millones que buscan un ejemplo contra la derecha que supere las experiencias las fracasadas salidas conciliadoras y las traiciones de las burocracias. Mientras el gobierno acusaba de manera autoritaria la “injerencia extranjera” y pedía plata y consejos a políticos de la derecha norteamericana o argentina, nosotros y nosotras reivindicamos la unidad de los pueblos de América Latina y el mundo y la militancia internacionalista por esa salida.

Sobre la base de estas lecciones nos preparamos para seguir organizándonos en todo el país, considerando que el gobierno no ha logrado derrotar a las fuerzas movilizadas, sino que está piloteando este estado de excepción, mientras la mediación de la COB, con esta nueva traición, desgasta su legitimidad para futuros combates. Nos preparamos conscientemente para futuros embates, sabemos que esto no está a la vuelta de la esquina, pero sí con la presión subiendo.

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